Marco Teórico.
Marco Teórico.
El agua residual puede definirse como agua de composición variada, proveniente de las descargas de usos municipales, industriales, comerciales, de
servicios, agrícolas,
pecuarios, domésticos y, en general, de cualquier otro uso, que por su naturaleza no
puede utilizarse nuevamente en el proceso que la generó y, al ser vertida en cuerpos receptores puede implicar una
alteración a los ecosistemas acuáticos o afectar la salud
humana
(Campbell, Mitchell, &
Reece,
2001). Las
descargas
de aguas residuales crudas en los cuerpos receptores de agua pueden ocasionar efectos negativos, y aunque estos tienen la capacidad de depurar, asimilar y transformar cierta cantidad de contaminantes, especialmente los orgánicos, su capacidad es
fácilmente sobrepasada debido a la gran variedad y cantidad de contaminantes vertidos en el agua (Arce Velázquez, Calderón Mólgora, & Tomasini Ortiz, 2007).
Las
aguas residuales de origen doméstico son una mezcla de componentes físicos,
químicos y biológicos que se encuentran presentes en solución o suspensión.
Contienen gran cantidad de nutrientes, grasas, aceites, detergentes, sólidos
suspendidos y materia orgánica, la cual está constituida por residuos de
alimentos, excretas y material vegetal (Torres et al., 1996).
El
agua residual de la industria alimentaria contiene grandes concentraciones de
materia orgánica, grasas, aceites, sólidos suspendidos y sustancias
alcalinas. Las aguas generadas a nivel
doméstico y en la industria alimentaria, una vez tratadas, pueden ser
fácilmente utilizadas para riego agrícola y lavado de autos (Velázquez et al.,
2007). Los nutrientes que se encuentran presentes en el agua residual de uso
doméstico son principalmente el nitrógeno y fósforo. Estos nutrientes son
requeridos por todos los seres vivos para poder desarrollarse. El nitrógeno es
esencial para la síntesis celular, ayuda a formar nuevos tejidos, mientras que
el fósforo se requiere a nivel celular para permitir el transporte de energía
(Metcalf & Eddy, 2003).
El
nitrógeno se encuentra en el agua de cuatro formas: nitrógeno orgánico,
nitrógeno amoniacal, nitritos y nitratos. Los cuatro estados se presentan en
los cuerpos de agua y para que ello ocurra influye la edad del desecho y la
proporción en que se encuentre cada estado del nitrógeno. Cuando el agua
contiene grandes cantidades de nitrógeno y fósforo de forma asimilable para las
plantas (nitritos, nitratos y fosfatos), se presentan brotes de malezas
acuáticas ocasionando que el cuerpo acuático llegue a su estado trófico cuando
esta situación es permanente (Velázquez et al., 2007). Es por ello que en la
zona donde se descargan las aguas residuales, se puede apreciar gran cantidad
de malezas acuáticas invadiendo considerables extensiones de lagunas y marismas
destinadas como cuerpos receptores de aguas residuales. En estos ecosistemas, las cianobacterias son
importantes fijadoras de nitrógeno, convierten el amonio (NH4) en
nitrato (NO3), fuente principal de nitrógeno a las plantas para
producir aminoácidos y proteínas (Campbell et al., 2001).
Por
otra parte, la cantidad de fosfatos disponibles para las plantas en los
ecosistemas naturales, con frecuencia es bastante baja, por lo que el
crecimiento de las plantas puede verse limitado por la poca cantidad de
fosfatos solubles en el suelo. Los lagos que no han sido alterados por la
actividad humana, naturalmente presentan un bajo nivel de fosfatos disueltos,
manteniendo así el mínimo crecimiento de las microalgas.
Sin
embargo, en muchas zonas, el exceso de fosfatos es más un problema, que la
limitación de él. La contaminación de lagos y ríos por fosfatos, al igual que
la contaminación por nitratos, produce un gran crecimiento de microalgas. El
exceso de nutrientes puede llegar a tener efectos tóxicos en los seres vivos
que interactúan con ellos. Por ejemplo, los nitritos pueden provocar asfixia de
peces. En los humanos, los nitratos son transformados a nitritos en los
intestinos y se combinan con la hemoglobina para formar metahemoglobina, lo que
disminuye la capacidad de la sangre para el transporte de oxígeno (Campbell et
al., 2001; Velázquez et al., 2007).
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